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Quizá

Estándar

Vago solo. Ensimismado. Queriendo salir, ser parte de la realidad. Pero que inconveniente que no hay mas que esta prision de dolor de la que soy cautivo. Planeo conversaciones, acciones, decisiones, vidas, encuentros… En la noche vuelvo a repetirme que todo irá bien. Tiene que pasar. Sin creer a la mañana siguiente lo que tanto lucho por hacer parte de mis convicciones oxidadas e inútiles. No hay lugar para respirar. Ya no hay lugar. Sigo como ahogándome sin saber nadar. Pero a mi me enseñaron en la vida a continuar. Y si aprendi mal? Cuándo podrán volverme a enseñar? Será que dejo que la corriente me haga parte de su voluntad? Me entrego al turbio caudal? Como podré saber qué hacer al final? Si cada decisión me lleva a la miseria igual. Entonces vale la pena caminar? Pero no hay valentía en dejarse caer, o acaso es de cobardes temer al golpe final? Quién me dice qué es la verdad? Quién me puede consolar? Quién puede escuchar mis penas y mi alma abrazar? Si no existe quien lo haga. Seguiré entonces, intentando caminar? Hay un precio que pagar. No quiero saber nada más. Del dolor y la pena me he aburrido, sin embargo los llevo conmigo como un amuleto, una especie de amor y apego ha nacido. Y cómo me despojo? Cómo los echo fuera? Y si yo soy el hogar que está destinado a albergar su complejidad? 
A ver, a quién puedo engañar? Solo puedo intentar que no me vengan a molestar. Pero piden mucho, siempre me quieren quebrantar.
Como puedo recuperar mi vida? Siento que la repartí sin ninguna garantía. La perdí y no se más. Me siento solo en las vías. Espero un tren que hace años no transita. 

Solía creer y actuar como si fuera más fuerte que el miedo. Creo que siempre supe que en el fondo estaba equivocado. No supe prepararme para el momento en que todo se vino abajo y se fue a la mierda. Ahora vago solo como en un bosque en el que solo voy en círculos, camino en linea recta como en un túnel que no tiene una sola luz. Y sigo resistiendo a pesar que todo indica que debo rendirme. Al final no se si mi dilema es válido. 
Creo saber que hay algunas manos extendidas, sin embargo no se cual tomar, no se como tomarlas y no se si resistan el peso de todo este caos disfrazado de entereza. Tampoco se si valgo la pena para el esfuerzo que estas manos están dispuestas a realizar. Tengo miedo al rechazo cuando vean mi oscuridad. Tengo miedo que me vuelvan a lastimar. Han sido tantos libros con el mismo final, que ya no se si quiera leer alguno más. 
No se si hay quien entienda este llanto. No parece haber alguien capaz. 
O puede ser que mañana todo sea diferente, quizá…

Desahogo

Estándar

Qué ha llegado a ser de mi? Quién soy hoy?
Distanciado, lejos de mis recuerdos, ausente de mi esencia. Hundido en soledad y aletargamiento. Quiero llorar y no puedo, mis lagrimas se rehusan a lavar mi pena, mis gritos solo pasean por debajo de mi piel, arañando cada fibra, pero nunca dejándose escapar de ese silencio mortal que va secando cada hueso y matando cada emoción. 

Perdido y solo, desorientado y acabado. Sin esperanza y sin redención. Sin alma y sin canción. Sin ánimos y sin valor. El cuadro de mi. El retrato de mi desolado ser. Casi un espectro. 

No hay motivos, no hay razón. Sensaciones o alegrías. Placeres o estímulos aparentemente tentadores, señales alentadoras, por doquier las busco, se han ausentado, han tomado parte con el resto del mundo. Se han ido a la oscuridad, dejándome solo con esta luz, con esta llama que invita a que alguien se siente y la mire, se caliente y la disfrute, la apague cuando sea necesario y sea agradecido de ella. O quizá hoy soy yo quien se quedó a oscuras. Ellos, el resto, se olvidaron de mi. Se fueron hace tiempo. Nunca más volverán, lo se. No se dan cuenta. No saben. Ignoran quien soy, y lo que hice, ignoran mis sueños, mis ganas. Solo ven desde lejos esta fachada. Y en esta ciudad, sigo caminando sin latidos regulares. Solo suficiente energía para dejarme ser movido por la inercia. Ya no se lo que significa dormir, pues mi cerebro no quiere descansar, no hay acto involuntario que odie más que pensar. No hay peor placer culposo que disfruto que la soledad. 

La ansiedad se ha apoderado de mi vitalidad, soy un mar, en tempestad, pero aparente calma, oscuro y profundo… Frío y azotado por una tormenta eléctrica de rayos inclementes que atraviesan por doquier castigando lo que este a su paso. 

Sería muy pretencioso querer ser una barca, eso significaría que tengo esperanza de ser salvado, de naufragar y ser rescatado, o tener la oportunidad de ver la luz del faro a lo lejos en la orilla. No.